Mi rincón de Arte

Símbolos de mi vida

Me considero una pintora en esencia, simbolista, porque es a través de los símbolos tanto de los sueños como de la realidad cotidiana, como siento que me comunico con la consciencia, ellos son como un canal de comunicación entre esta dimensión superior y mi pequeña mente finita y racional.
EL INCONSCIENTE…
Muchas veces los símbolos se manifiestan a través del inconsciente, por eso aparecen en los dibujos que hacemos todas las personas, tengamos o no técnica o conocimientos al respecto. Dibujos automáticos en los que no intervienen los procesos lógicos y racionales de la mente. Aunque también los símbolos se cuelan en las expresiones artísticas más elaboradas en las que hemos trabajado previamente con bocetos.
Según el psicólogo Carl G. Jung, el inconsciente es una parte tan vital y tan real de la vida de un indivíduo como la consciencia, el mundo “cogitativo” del ego, e infinitamente más rico.
El lenguaje y la “ gente” del inconsciente son los símbolos, expresados a través de los sueños y el arte.
Lo que llamamos símbolo es un término, un nombre o una pintura que puede ser conocido en la vida diaria aunque posea connotaciones específicas además de su significado corriente y obvio. Representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros.
Así, una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado. Ni se puede esperar definirlo o explicarlo.
Por ejemplo, la rueda puede conducir nuestros pensamientos hacia el concepto de un “sol divino”, pero en ese punto, la razón tiene que admitir su incompetencia; el ser humano es incapaz de definir un ser “divino”.
Como hay innumerables cosas más allá del entendimiento humano, elegimos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo.
Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes. Pero esta utilización consciente de los símbolos es solo un aspecto de un hecho psicológico de gran importancia: el ser humano también produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños.

LOS SÍMBOLOS y LOS SUEÑOS

Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón.
Como hay innumerables cosas más allá del alcance del entendimiento humano, utilizamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo.
A lo largo de la historia de la pintura podemos encontrar a muchos pintores que han utilizado el lenguaje simbólico como forma de expresión artística.
Por ejemplo El movimiento simbolista ( pintura y poesía) que apareció a mediados del siglo XIX en Europa, como reacción a los cambios producidos por la Revolución industrial.
Los pintores simbolistas se dieron cuenta de que la lógica de la ciencia, de la industria y del comercio, respondieron a toda una serie de necesidades prácticas de la sociedad, así como también a una manifiesta voluntad de poder… la gente se movía para buscar sus recursos, pero de esta forma no podían calmar la sed que según decían solo podía saciarse en “ la fuente de los sueños”.
Los simbolistas no tratan de observar la naturaleza, ni de ver en ella un mensaje divino, sino de ponerla en relación con lo insólito, que aleja el espíritu del mundo familar, da voz a la neurosis y una forma de angustia, proporcionando un rostro al sueño más profundo, por amenazante que parezca.
El aspecto más llamativo de los artistas simbolistas es su aislamiento en lo imaginario.
Es sin duda la soledad del soñador, la de un ser que se cuenta historias a sí mismo, quien no está seguro de nada fuera de su propia consciencia.
El gran tema de la época simbolista es el de la decadencia. Esta se presenta como la refutación de un progreso que en realidad no lo es.
Pertenecen al movimiento simbolista pintores tan diferentes como Gustave Moreau, que fue su pionero, Gabriel Rossetti, Odilon Redon, Goya, Gauguin, Klimt, Munch y Henri Matisse.
El simbolismo en la actualidad no ha dejado de existir. Perdura hoy en día, especialmente en textos literarios y en el cine por ejemplo de Fellini o Pasolini.

El Túnel

El túnel, habla de la vida que puede haber después de la muerte del cuerpo físico.

¿Qué pasa cuando nos morimos?

Todas las grandes tradiciones espirituales del mundo, incluyendo el cristianismo, siempre han dicho que la muerte no es el final. Todas nos han transmitido la visión de alguna clase de vida venidera que infunde un sentido sagrado a nuestra existencia presente.

Pero a pesar de estas enseñanzas, la sociedad contemporánea es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayoría de la gente imagina que esta vida es lo único que existe.

tSegún la tradición budista, realmente podemos utilizar nuestra vida para prepararnos para la muerte. Al morir, tampoco estamos condenados a marcharnos al encuentro de lo desconocido con las manos vacías.

Podemos hacer de cada instante una oportunidad para cambiar y prepararnos de todo corazón, con precisión y serenidad para la muerte y la eternidad.

En el budismo, la vida y la muerte se perciben como un todo único: la muerte es el inicio de otro capítulo de la vida y un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida.

Esta idea está en el corazón mismo de las enseñanzas de la escuela más antigua del budismo tibetano. Muchos de vosotros habréis oído hablar del Libro tibetano de los muertos. En esta enseñanza, la vida y la muerte, vistos como un todo, son presentados como una serie de realidades transitorias y en constante cambio llamadas bardos.

La palabra bardo se utiliza comúnmente para designar el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento.

Según el budismo, el principal argumento que establece el renacimiento se basa en una profunda comprensión de la continuidad de la mente. ¿De dónde procede la conciencia?

No puede surgir de la nada. Un instante de conciencia no puede producirse sin el instante de conciencia que lo precedió inmediatamente.

El principio creativo fundamental es la conciencia, que tiene distintos planos. La que llamamos conciencia sutil más profunda está siempre presente. La continuidad de esa conciencia es casi algo permanente, como las partículas elementales. En el campo de la materia son las partículas elementales. En el campo de la materia es la llamada Clara Luz.

Pero sin irnos a las enseñanzas budistas, en Occidente existen numerosas investigaciones científicas a cerca de las experiencias cercanas a la muerte y más recientemente a cerca de lo que se ha llamado “experiencias de muerte compartidas”.

El doctor Raymond Moody, doctor en filosofía y medicina, fue el primer médico que estudió de modo sistemático los fenómenos de supervivencia a la muerte corporal. Examinó las experiencias de cientos de personas que habían estado a punto de morir, analizando el proceso de la muerte con elementos identificables, y le llamó a la combinación de todos estos rasgos “experiencia próxima a la muerte”.

Descubrió que era habitual que las personas que están muriendo pasen por un túnel y se dirijan hacia una luz. Dentro de esa luz suelen encontrarse con otros seres espirituales que están allí para facilitar su transición hacia la muerte, a veces estos seres eran parientes ya fallecidos…

Muchas personas, contaban que habían abandonado sus cuerpos y contemplado desde arriba, los esfuerzos de los médicos y enfermeras por salvarles la vida. Algunas tenían revisiones vitales, en las que volvían a vivir su vida entera, acompañada en algunos casos de los comentarios de un ser superior.

Años después publicó sus descubrimientos acerca de las experiencias que tenían en muchos casos, los familiares de los moribundos, a las cuales denominó “experiencias de muerte compartidas”.

En todas ellas encontramos algunos de estos elementos: cambio de aspecto de la habitación, presencia de una luz”mística”, donde a menudo aparecen familiares  de la persona fallecida, se escucha una música bella e indefinible, los testigos viven una experiencia extracorpórea, asisten a una revisión de vida de la persona a punto de fallecer, se encuentran con paisajes y planos celestiales, se percibe  una niebla o humo o bola de luz que desprende el fallecido en el último aliento.

Aunque todas estas experiencias tienen una clara realidad, todavía estamos lejos de explicar lo que son y cómo se producen. Podría decirse que las experiencias de muerte compartidas y otros sucesos sobrenaturales como ellas son semejantes a la aurora boreal, ese resplandor etéreo que se produce en las proximidades del Polo Norte. La aurora boreal ha producido la admiración de la humanidad a pesar de su carácter inexplicado..

Lo mismo puede decirse de las experiencias próximas a la muerte, que si bien no se han explicado plenamente todavía, son una fuente de admiración y de maravilla para casi todos los que las conocen.

“No somos seres humanos que estamos teniendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales que estamos teniendo una experiencia humana”.

Bibliografía: El libro tibetano de la vida y la muerte, Sogyal Rimpoché. Destellos de eternidad, Raymond Moody y Paul Perry.


Despertando al sol que vive en mi


¿Quién Soy?


La alegría del ser

100 x 81 cm. Óleo sobre lienzo.


El árbol de la vida


Latido de Corazón