IMG_2802Después de muchos años buscando…por fín lo he encontrado.
Lo había imaginado, intuído, soñado. Recreado en mi imaginación. Había leído sobre él o ella. Había anhelado que este Ser existiera.
Pero no ha aparecido hasta ahora.
La edad tiene algo de positivo, tiene sus secretos escondidos para quien tiene la paciencia de buscarlos.
Mi guía interior parece que siempre ha estado ahí, pero hasta que no he silenciado mi mente, la “mente que piensa”, no ha habido suficiente Calma en mi interior para que Mi Guía se pueda manifestar.
Ella es radiante, luminosa y viste de blanco.

A veces lleva una corona de flores en la cabeza. A veces un vestido largo como una túnica y una capucha en la cabeza.
Sin embargo, más que su apariencia, lo que más me importa es lo que me transmite su Presencia.
Me transmite Alegría, Aceptación. No me juzga, esté como esté. Quizás esto es lo que más me resulta reconfortante y tranquilizador.

Algunas veces en silencio, me escucha, me comprende, y simplemente está ahí.

En otros momentos me habla y le da a mi Mente mensajes de esperanza, palabras calmantes y apoyo incondicional.

El túnel, habla de la vida que puede haber después de la muerte del cuerpo físico.

¿Qué pasa cuando nos morimos?

Todas las grandes tradiciones espirituales del mundo, incluyendo el cristianismo, siempre han dicho que la muerte no es el final. Todas nos han transmitido la visión de alguna clase de vida venidera que infunde un sentido sagrado a nuestra existencia presente.

Pero a pesar de estas enseñanzas, la sociedad contemporánea es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayoría de la gente imagina que esta vida es lo único que existe.

tSegún la tradición budista, realmente podemos utilizar nuestra vida para prepararnos para la muerte. Al morir, tampoco estamos condenados a marcharnos al encuentro de lo desconocido con las manos vacías.

Podemos hacer de cada instante una oportunidad para cambiar y prepararnos de todo corazón, con precisión y serenidad para la muerte y la eternidad.

En el budismo, la vida y la muerte se perciben como un todo único: la muerte es el inicio de otro capítulo de la vida y un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida.

Esta idea está en el corazón mismo de las enseñanzas de la escuela más antigua del budismo tibetano. Muchos de vosotros habréis oído hablar del Libro tibetano de los muertos. En esta enseñanza, la vida y la muerte, vistos como un todo, son presentados como una serie de realidades transitorias y en constante cambio llamadas bardos.

La palabra bardo se utiliza comúnmente para designar el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento.

Según el budismo, el principal argumento que establece el renacimiento se basa en una profunda comprensión de la continuidad de la mente. ¿De dónde procede la conciencia?

No puede surgir de la nada. Un instante de conciencia no puede producirse sin el instante de conciencia que lo precedió inmediatamente.

El principio creativo fundamental es la conciencia, que tiene distintos planos. La que llamamos conciencia sutil más profunda está siempre presente. La continuidad de esa conciencia es casi algo permanente, como las partículas elementales. En el campo de la materia son las partículas elementales. En el campo de la materia es la llamada Clara Luz.

Pero sin irnos a las enseñanzas budistas, en Occidente existen numerosas investigaciones científicas a cerca de las experiencias cercanas a la muerte y más recientemente a cerca de lo que se ha llamado “experiencias de muerte compartidas”.

El doctor Raymond Moody, doctor en filosofía y medicina, fue el primer médico que estudió de modo sistemático los fenómenos de supervivencia a la muerte corporal. Examinó las experiencias de cientos de personas que habían estado a punto de morir, analizando el proceso de la muerte con elementos identificables, y le llamó a la combinación de todos estos rasgos “experiencia próxima a la muerte”.

Descubrió que era habitual que las personas que están muriendo pasen por un túnel y se dirijan hacia una luz. Dentro de esa luz suelen encontrarse con otros seres espirituales que están allí para facilitar su transición hacia la muerte, a veces estos seres eran parientes ya fallecidos…

Muchas personas, contaban que habían abandonado sus cuerpos y contemplado desde arriba, los esfuerzos de los médicos y enfermeras por salvarles la vida. Algunas tenían revisiones vitales, en las que volvían a vivir su vida entera, acompañada en algunos casos de los comentarios de un ser superior.

Años después publicó sus descubrimientos acerca de las experiencias que tenían en muchos casos, los familiares de los moribundos, a las cuales denominó “experiencias de muerte compartidas”.

En todas ellas encontramos algunos de estos elementos: cambio de aspecto de la habitación, presencia de una luz”mística”, donde a menudo aparecen familiares  de la persona fallecida, se escucha una música bella e indefinible, los testigos viven una experiencia extracorpórea, asisten a una revisión de vida de la persona a punto de fallecer, se encuentran con paisajes y planos celestiales, se percibe  una niebla o humo o bola de luz que desprende el fallecido en el último aliento.

Aunque todas estas experiencias tienen una clara realidad, todavía estamos lejos de explicar lo que son y cómo se producen. Podría decirse que las experiencias de muerte compartidas y otros sucesos sobrenaturales como ellas son semejantes a la aurora boreal, ese resplandor etéreo que se produce en las proximidades del Polo Norte. La aurora boreal ha producido la admiración de la humanidad a pesar de su carácter inexplicado..

Lo mismo puede decirse de las experiencias próximas a la muerte, que si bien no se han explicado plenamente todavía, son una fuente de admiración y de maravilla para casi todos los que las conocen.

“No somos seres humanos que estamos teniendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales que estamos teniendo una experiencia humana”.

Bibliografía: El libro tibetano de la vida y la muerte, Sogyal Rimpoché. Destellos de eternidad, Raymond Moody y Paul Perry.

 

Cada día llega a su fin, cuando el sol se esconde y van apareciendo las estrellas. El final del día es el principio de la noche. Y así ocurre con las etapas de la existencia. Cuando una termina abre las puertas de lo que está por venir. Lo desconocido quiere entrar en nuestra vida pero esto solo ocurre cuando morimos al pasado y dejamos atrás todo el peso de nuestra historia personal. Y soltamos. Cuánto cuesta soltar! Nos aferramos al pasado con persistencia para no quedarnos suspendidos en el vacío de no saber, en realidad quienes somos.

Independientemente de nuestra historia personal, decidimos cada día si vivimos en el presente o en la historia que a cada momento nuestra cabeza se repite a cerca de nuestra vida. Lo que nos ha pasado, lo que nos han hecho, lo que hemos sufrido, qué nos dijeron, cómo reaccionamos aquel día, quien tenía razón…

 Yo y mi historia. Me encanta repetírmela una y otra vez. A veces ya me levanto hablándome a mi misma de mi propia película y esto a mi ego le encanta porque le da una identidad, le convierte en alguien… una víctima, una pobrecilla, una persona poderosa…

“Don Juan dijo que todos los que me conocían tenían una idea sobre mí  y que yo alimentaba esa idea con todo cuanto hacía.

-¿No ves? -preguntó con dramatismo- . Debes renovar tu historia personal, contando a tus padres, o a tus parientes y tus amigos todo cuanto haces. En cambio, si no tienes historia personal, no se necesitan explicaciones; nadie se enoja, ni se desilusiona con tus actos. Y sobre todo, nadie te amarra con sus pensamientos”.

“Ya no tengo historia personal -dijo, y me miró con agudeza-. La dejé un día, cuando sentí que ya no era necesaria.” Las enseñanzas de don Juan ( Carlos Castaneda). 

 Cuando aceptas plenamente que no sabes (quien eres), entras en un estado de paz y claridad que está más cerca de lo que verdaderamente eres que ningún pensamiento.

Definirte por medio del pensamiento es limitarte.